Durante los primeros meses de vida notamos que nuestro bebé, descubriendo su propio entorno y su cuerpo, toca sus pies ,se los mete a la boca y no sabe para qué sirven. Pronto se apoya en ellos para intentar ponerse de pié. Un recién nacido no necesita zapatos, el uso de botines y calcetines le protegerán del frío cuando sea necesario, ya que nosotras las mamás sabemos que los pies desnudos de nuestro bebé son un espectáculo enternecedor que fomenta besos y cariños. Los abrigamos cuando sea necesario. Cuando se pone de pié, y con la idea de propiciar la estabilidad de sus primeros pasos se le ponen botitas de cuero gruesas con tremendos refuerzos en la punta y en el talón y, si lo acompaña una suela dura, tanto mejor. Pero un zapato más sencillo, que no aprisione el tobillo, de piel suave, suela flexible y sin impedimentos a la total movilidad del pié y tobillo sería más adecuado: no le obliga a forzar el movimiento, dejar{a andar a gusto y protege el pie sin incomodarlo. Excepto el caso de que exista alguna patología, el zapato no debe condicionar el crecimiento del pie del niño.A la hora de comprar zapatos para sus niños deberá tener en cuenta que, cuanto más pequeño sea el niño más rápidamente le crecerá el pié: el zapato a la medida del mes de marzo le quedará pequeño en el mes de octubre; cuando se los pruebe tenga en cuenta que la medida del pie aumenta cuando soportan el peso del cuerpo mire que, por llevar zapatos justos e incluso pequeños no sólo les incomoda y los hace torpes sino que propicia problemas ungulares como la uña encarnada y deformidades.
Los niños y adolescentes han hecho de las zapatillas “todo terreno” una revolución en las costumbres de nuestra sociedad, ellos realizan todas sus actividades con el mismo calzado, se adaptan muy bién y se acerca bastante al modelo de zapato ideal. Escójalas de un material transpirable y de suela muy elástica, blanda y gruesa y, que la plantilla se adapte al pie. Las hay para todos los gustos y necesidades de este grupo de usuarios que no se las quitan para nada, por lo que será conveniente disponer de dos o tres pares para alternar, facilitando su limpieza, aireación y proporcionar al pié variedad de apoyo. Dado de que se trata de un calzado cerrado que se usa con calcetines gruesos favorece la hipersudoración, con el consiguiente mal olor y micosis y, si tiene una suela muy delgada puede provocar inflamaciones del tendón de Aquiles o de la fascia plantar.
Los adolescentes varones se pegan en este modelo, mientras que las niñas en esta etapa ya descubren zapatos, botas y botines que nos ofrece la bién prepara sociedad de consumo. A partír de este momento calzarán zapatos de todo tipo, pero debido al tipo de calzado que han usado hasta ese momento tienen sus más musculados y de una constitución tal que no les permite adaptarse fácilmente al típico zapato de salón de punta y tacón. Con la voluntad consciente o no de mostrar un pie delicado escogen un zapato demasiado justo que favorece la deformidad del pie en su parte anterior que va adquiriendo la forma en punta o triangular, aparecen los juanetes, los dedos en martillo y las lesiones ungulares por la presión directa de la puntera del zapato sobre las uñas, principalmente la del dedo gordo. Un taco demasiado alto provoca una hiperlordosis o aumento de la curvatura fisiológica de la columna vertebral y aumenta la incidencia de lumbalgias entre las usuarias de este taco. Las hawaianas y zuecos propician la formación de callosidades en el talón e inducen la deformidad de los dedos en jarra por el gesto inconsciente de intentar sujetar el zapato para que no se caiga.
El zapato actual procura la comodidad y la austeridad en las líneas. De la correcta elección del calzado desde la primera infancia depende la salud de los pies y el bienestar de todo el cuerpo.
DATO: El calzado debe adaptarse al pie y no al contrario, respetar su estructura y no modificarla. Así proporcionará comodidad, seguridad y estabilidad en la marcha protegiendo toda la anatomía del pie, desde la piel hasta su esqueleto.

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